Oscar Pacheco Ríos
¡BASTA!
¡No Soy
INDIO!
Editorial
CEPDI
Santa Cruz Bolivia

Diga NO a la piratería. Coopere con el Desarrollo Cultural
![]()
Impreso en Santa Cruz de la Sierra. Bolivia
A mis mentores:
Profa. Ma.
Luisa Palenque, mi primera maestra. Artífice de mi vocación.
Prof. Guido
Villagómez modelo de lucha educativa.
A todas las naciones nativas de nuestro Continente
Dignas de
mejor destino, como producto de reivindicación obligada por un verdadero nombre
originario para una educación
liberadora del sistema.
A mis colegas, alumnos
y exalumnos:
Para que
cierren filas y en un haz de voluntades recuperemos nuestra verdadera identidad
por el lugar de nuestro nacimiento.
A mi familia toda:
Por su apoyo
desmedido y sacrificado, al compartir la ilusión de poseer una filosofía
educativa de y para Bolivia.
Oscar
Pacheco Ríos.
III
Estimada(o)
hermana(o). Si este ejemplar llega a tus manos sin ser pirateado. Antes de
leerlo, te pido meditar sobre este aforismo, pues, lo dedico con mucho cariño,
a ti, a nuestra familia nativa y a nuestros ancestros.
EL CAMINO
Si
buscas en la vida un camino
Que
sea la senda de tu destino
Para
encontrarlo, sólo debes caminar
Pues,
alguien dijo: “se hace camino al andar”
Por
tanto, empieza ahora mismo a transitar
Construye
tu camino dejando huellas
Para
que otros caminen siguiendo ellas
Construye
una nueva ejemplar vía
Con
nuevos horizontes cada día.
Deja
rastros de experiencia en la lucha
Porque
la injusticia del “sistema” es mucha
Y
frente a la inhumana “globalización”
Paradigma
de la colectiva expoliación
El
pueblo necesita un camino indicador
Un
ideal para salir del “sistema” opresor
Tú
puedes iniciar el camino de la batalla
Tú
puedes hacer frente a la metralla
Y a la
falsa ideología de los intelectuales
Serviles
testaferros de gobernantes circunstanciales
Sí. Tú
puedes ser el camino que otros seguirán
Y
hasta la meta de la victoria final llegarán.
Oscar
Pacheco Ríos
IV
INDICE
Tema Pág.
![]()
Ficha Catalográfica II
Dedicatoria III
Poema IV
Índice V
A modo de introducción Primero Léame 7
¡Basta! No Soy Indio 11
Un Poco de Recuento Histórico 11
¿Indio es un Sustantivo? 12
Pedido de Perdón 14
Nuestro Razonamiento Analítico y Crítico 16
Indio (Poema) 23
Inicio del Error 24
Indias Occidentales 25
Leyes de Indias 26
Incomprensión y Confrontación Cultural 31
Creación del Derecho Indiano 35
Recopilaciones indianas 37
Indigenismo 39
Relaciones Geográficas “Indianas” 41
Mestizaje 44
Criollismo 46
Bartolomé de las Casas 47
La Real Academia Española Autoreprobada 48
Conclusión 51
Anexos
Anexo 1
Encomienda Americana 56
Anexo 2
Felipe II (1527-1598), Rey De España (1556-1598) 59
Anexo 3
Leon Pinelo Antonio De (1594?-1660) 60
Anexo 4
Solorzano Pereira, Juan De (1575-1655) 60
Anexo 5
Consejo De Indias 61
Anexo 6
Casa De Contratación De Indias 63
V
Anexo 7
Las Compañías
Compañias de las Indias Orientales 66
Compañía Danesa de las Indias Orientales 66
Compañía Holandesa de las Indias Orientales 67
Compañía Británica De Las Indias Orientales 67
Compañía Francesa De Las Indias Orientales 67
Anexo 8
Indias Occidentales 67
Anexo 9
Archivo General De Indias 68
Anexo 10
Educación “Indígena” En América Latina 69
Anexo 11
Descubrimiento De América 72
Anexo 12
Cristóbal Colón (C. 1451-1506) 83
Anexo 13
Antiguos Pobladores 93
Principales
Áreas culturales 95
La
Población “Indígena” de nuestro Siglo 125
Anexo
14
Casas,
Bartolomé De Las (1484-1566)
131
Anexo 15
Literatura Indigenista 138
Anexo 16
Real
Academia Española
139
Bibliograf{ia
143
VI
A MODO DE INTRODUCCIÓN PRIMERO LÉAME
El
presente ensayo nace como consecuencia de nuestra incursión en Etnogeometría y
Etnomatemática, con la aclaración de que no
es la línea a la que estamos abocados a trabajar, pues lo que hoy
presentamos correspondería más a un
lingüista, sociólogo, político o a un etnólogo, pero, habiendo estado y aún
estamos en permanente contacto con las personas y situaciones que nos
proporcionaron y nos proporcionan tanta y tan riquísima información no sólo sobre su Etnogeometría y
Etnomatemática, además, sobre su Etnolingüística, su Etnocultura, en suma su
Etnociencia y, de modo especial, añadido a ello lo que nos cupo escribir, un
otro ensayo que analiza la Semiología del Lenguaje y la Etnomatemática,
consideramos que de modo insoslayable llegó la hora de rectificar un hecho
histórico que nos mantiene aun en el
tiempo pretérito vilipendiados y estigmatizados.
Ante
la realidad contextual y circunstancial que nos rodea a donde quiera que
dirijamos nuestros pasos y habiendo realizado profundas consideraciones sobre
la exclusión marginal en la que se nos coloca con el rótulo de “indio” como
sinónimo de pertenecer a la peor ralea social o ser el eslabón más bajo en la escala social creada por los
llamados hombres blancos, ya no nos quedó otra alternativa que, expeler ese grito callado, amargo y
contenido que teníamos y lo tenemos prisionero dentro de lo más íntimo de
nuestro sentimiento y todo nuestro ser.
Sí,
ha llegado el tiempo de salir en defensa del verdadero gentilicio y/o
significado que nos corresponde por el lugar de nuestro origen, atacar y acabar
con el indebido uso peyorativo y
degradante del apelativo “indio”.
Nos
apresuramos en aclarar dos situaciones:
Primera:
toda vez que usemos esta palabra y muy a pesar nuestro, lo haremos por extrema
necesidad y para ser comprendidos, porque así se ha educado nuestro lenguaje
dentro de esa cultura segregante; porque así están en los documentos
investigados y anexados y, por que no nos queda otra alternativa para encontrar
su origen y depurar su mal uso y además ser comprendidos por quienes nos honren
con su lectura;
Segunda:
este ensayo no es ni de lejos un instrumento: a) racista, pues, pedir ser llamados debidamente
no es racismo; b) alienante,
no es alienación exigir que se utilice adecuadamente la gramática de la lengua
impuesta y dominante; c) xenofóbico,
no puede haber odio al extranjero en el pedido de la corrección de “un error
histórico”; revanchista, jamás, pues con todo lo que argumentamos,
no nos estamos vengando de nadie ni aplicando lo que la misma Biblia indica:
“Ojo por ojo”, “diente por diente”, “el que a hierro mata a hierro debe morir”,
etc... Esa Biblia que trajeron consigo los frailes coadyuvantes de la ocupación
de las tierras y el avasallamiento de esta parte del continente y con la cual
juzgaron al soberano Inca y a los monarcas nativos del resto del hoy llamado
continente americano, o la Biblia que impusieron los anglosajones en el norte.
Nuestra
propuesta desde un comienzo tiene un solo objetivo indeclinable, es el de extirpar el mal uso de la nominación
"indio. Para ello recurrimos a nuestro sentido común antes que a una
investigación científica, pues la cruda realidad en la que vivimos, antes que
científica o epistemológica, es empírica y está a flor de piel, la sentimos en
la casa, en las calles, en las fiestas, en las discusiones, en los discursos
políticos, etc., etc.
Iniciamos
nuestro desandar con un recuento histórico y sin ser historiadores o lingüistas
como lo indicamos al inicio, apenas con lo aprendido durante nuestro paso por
la alienante escuela y de modo particular en las clases de Gramática Española.
gramatical, pues, siguiendo las reglas de la Real Academia Española
Hacemos
un análisis de lo que es un gentilicio y el uso que correcto del mismo, desde
esa base, intentamos hallarle un asidero pareciera no tener cabida su propia
regla gramatical (que por añadidura se autoaplaza o reprueba. Nos referimos en
una pequeñísima alusión al Papa Juan Pablo II sobre su pedido de perdón por los
errores cometidos.
Producto
de nuestro razonamiento analítico y crítico, describimos las secuelas más
notorias que se dieron, se dan y se seguirán dando mientras se siga usando inapropiadamente el vocablo “indio” y sus
derivados por no decir “producto agregado”. Ese razonamiento y conclusión, que no tiene nada de extraordinario, lo sustentamos
con documentos referidos a Las Indias Occidentales y las leyes de Indias, la
Incomprensión y Confrontación Cultural, la Creación de Derecho Indiano, el
Indigenismo, el Criollismo y el mestizaje inclusive de un poema nuestro alusivo
al “indio”.
Aunque,
el contenido de nuestra propuesta es corto, hemos querido darle una base
sustancial coherente con los respectivos anexos, considerando que nuestros
lectores, posiblemente no todos, conocen citados hechos históricos, los
protagonistas de los mismos o las razones y/o circunstancias de esos
acontecimientos de un modo más amplio y/o detallado, sin perder el hilo de
nuestro planteamiento o crear una imagen difusa del mismo.
En
lo que podríamos llamar una segunda parte, presentamos la documentación
consultada, bajo el título de ANEXOS, con las memorias tomadas de las fuentes
bibliográficas. No podemos dejar de expresar nuestras limitaciones en el
intento de coordinar la exégesis, si vale el término, para establecer lo más fielmente posible las referencias de nuestro ensayo, por lo que pedimos disculpas
anteladas.
Otra
razón fundamental en mantener los documentos consultados como anexos, cuya
literatura coadyuva a nuestro planteamiento,
y la misma en cierto modo, mantenga su valor independiente para ser
utilizada por quienes la precisen, para otras referencias análogas o de otro
carácter, sea éste histórico, sociológico, filosófico, político, literario,
etc. Razón ésta que nos indujo a presentar los títulos de sus contenidos a
manera de un índice, tal como siguen,
para facilitar su búsqueda.
Hubiéramos
querido colocar todos los anexos en el orden en que se van presentando las
necesidades aclaratorias de los respectivos contextos, pero, nos damos cuenta
que, lo desconocido para unos, quizá no lo sea para otros. De ahí es que en las notas de pie de página
algunos anexos no guardan el lugar correlativo numeral. Si bien todos los
anexos son importantes por su contenido, entre los que consideramos
merecerían ser desarrollados de modo particular por ser muy ricos
informativamente, están el Anexo 13 sintético-descriptivo, sobre “Los antiguos
pobladores” del continente americano y
el Anexo15 referido a la prolífica "Literatura indigenista" a lo
largo de esta nuestra Tierra morena y
Raza de Bronce como la llamó el escritor boliviano Alcídes Arguedas.
Finalmente,
queremos indicar que parecerá impropio
que utilicemos constantemente el término avasallador en lugar de colonialista u
otro término que sea menos marcante, pero, creemos que nadie hasta ahora ha
dicho nada por lo inapropiado de “indio” y si bien nuestro trabajo se ha
concentrado gran parte en lo que al Tawantinsuyu se refiere, eso no implica que
no hemos visto a todas las naciones o nacionalidades nativas de todo nuestro
continente en “A modo de Conclusión”, pues no nos avasallaron sólo los
ibéricos, mas también otros europeos y anglosajones..
El
Autor
¡BASTA! ¡NO SOY
INDIO
Es muy posible
que desde el punto de vista semiológico, es decir desde la decodificación del
mensaje que guardan los signos lingüísticos que estamos utilizando y como lo
hacemos notar al inicio, para algunos este ensayo será de carácter lingüístico,
para otros sociológico o político y hasta etnológico. Sin embargo, para los que
creen como nosotros en que realmente hay justicia y ésta debe imponerse en
cualquier corriente ideología y/o circunstancia, junto a nosotros concordarán
que sobre todo lo que se piense o se diga, ésta es una propuesta para rectificar un error y dar al “Cesar lo que es
del Cesar”. Por tanto ha llegado el tiempo de iniciar esa contra marcha por la
reivindicación de un nombre real explicando por qué NO SOY INDIO ni quiero ser, así el nombre estuviera en letras de
oro y platino.
Cuando estuvimos cursando el segundo año de escuela primaria, la maestra
nos motivó diciendo: “Hoy vamos a tener una lección muy interesante de historia
y nos explicó un tema que trataba de la Conquista del Imperio Incaico”. Nos
narró, cómo el Inca (que por aquella fecha era Atahuallpa) fue apresado
mientras tomaba baño junto a su séquito en Cajamarca (Perú), por los
“conquistadores” (léase avasalladores) venidos de la Península Ibérica y que
con ellos llegaron “frailes” para
catequizar a los “indios” porque eran
unos “salvajes y ateos” que no creían
en el Dios preconizado por la “Religión Católica”. En los cursos posteriores y
por supuesto, en temas posteriores, cada vez con más información, llegamos a saber que ese prurito de
“catequizar” entre muchas otras cosas, dio origen a la creación de la “encomienda”[1]
administrada por civiles llegados de España y con nombramiento Real. O sea, que
esas personas recibían cierto número de “indios” (personas nativas) para que bajo su
tutela, se los catequice en la “religión católica”, mas, la realidad fue otra y
lo que hicieron fue esclavizarlos y expoliarlos. También, ya adolescente, me enteré que el nombre de “indio” se le dio
a todo habitante originario del eufemísticamente llamado “Nuevo Mundo”, pues,
ese nombre venía de la creencia de que el “descubridor” Cristóbal Colón había
llegado a las “Indias Orientales”[2] A partir de esa ocasión, registrada por la historia como el 12 de
octubre del año 1492, todos los nativos del continente americano en principio y
los de otros lugares del mundo por extensión, se nos dio ese lapidario nombre.
¿INDIO ES UN SUSTANTIVO GENTILICIO?
Durante más de cinco siglos tenemos el singular seudónimo de “indio”. Quizá decir seudónimo sea un
tratamiento también eufemístico, por no decir, epígrafe o rótulo, mote, alias,
etc. pero jamás nombre o sustantivo. Porque -aquí vamos a usar la Gramática que
aprendimos en la llamada escuela.
Para un mejor estudio, el nombre o sustantivo se clasifica en: Propio o
Común, Primitivo o Derivado, Patronímico o Gentilicio, etc. Pero, veamos con
mas detenimiento y de modo analítico esta clasificación:
a.
El nombre es Propio, cuando se le da a una persona en particular para
diferenciarla de otra. Ej.: Juan, Pedro, Ana, María, Pedro I, Pedro II,
Fernando V, Fernando VII. etc. Por tanto no vemos donde puede encajar el nombre
“indio”, si fuera nombre Propio.
b.
Es Común
cuando nombra una persona, animal, lugar o cosa sin determinar una
particularidad. Ej.: niña, pez, ciudad, libro y estos nombres lo serán en todos
los idiomas, pues, en todo el mundo existen. Igualmente aquí, no vemos donde
cabe el nombre “indio” aunque
aparentemente parece nombre común, pero, no hay “indios” en todo el mundo, pues para ello debieran ser de la misma
raza y nación para tener algo en común.Acaso en Alemania, Inglaterra, Grecia,
Groenlandia por citar algunos países. ¿Les llaman también indios a sus nativos? ¿Y, si lo hacen en qué
se parecen a nosotros?
c.
Es Primitivo
y además común cuando es el nombre originario y no procede de otro. Ej.: libro,
leche, viaje, etc. Otra vez no vemos donde puede entrar el nombre “indio”, si fuera nombre Primitivo
d.
Es Patronímico
el nombre, cuando indica una Patria o País. Ej.: España, Francia, Argentina,
Bolivia, Perú. ¿Qué país indica, si “indio”
fuera nombre Patronímico?
e.
Es Gentilicio cuando deriva de un
Patronímico, así: español de España, francés de Francia, argentino
de Argentina, boliviano de Bolivia, peruano de Perú, etc., etc.
En consecuencia “indio” sólo puede
ser gentilicio del país llamado “India”,
sin embargo en todos los mapas que estudiamos, el “Nuevo Mundo” llamado
Continente americano, no es el país
“India” y tampoco no hay ningún país americano llamado “India” en todo nuestro
continente.
Seguramente, muchos criticarán las apreciaciones que
hacemos y hasta nos dirán que es un modo pueril de tratar el tema. Pues, bien,
pueda que les asista la razón, si acaso la tienen. Quiénes así nos critiquen y
no poseen argumentaciones pueriles, ¿cómo es que en más de cinco siglos no han
podido corregir ese “involuntario” error de Colón[3]
y los que le secundaron? Bueno, no les demos un tiempo tan largo, pero,
pongamos sólo las últimas décadas del siglo pasado o el año 1992 en el que se
celebró 500 años del “descubrimiento del Nuevo Mundo” (por no decir el
inicio de la ocupación, del avasallamiento, genocidio y/o etnocidio[4]
del Nuevo Mundo). Podrían haberlo hecho, precisamente, como un justo homenaje
de reivindicación y un número más de ese programa de recordación ¿Verdad?. Nos
atrevemos a pensar que es más fácil seguir la fuerza de la costumbre que
intentar rectificar lo incorrecto. La propia Real Academia de la Lengua
Española que preconiza el uso correcto de la lengua de Cervantes, así como los
testaferros sometidos a sus dictámenes han
hecho NADA para corregir ese “error
histórico”. Por tanto no nos preocupa que critiquen nuestra exposición y
nuestro modo de defender y si ellos creen que pueden hacerlo mejor ¡Albricias. Que lo hagan! Ello nos dará la
razón de lo que defendemos, es más harán algo positivo y valioso en defensa de
nuestro real nombre que a ellos también les atañe.
Aunque no creemos que
haya transmisión de pensamiento, pero, pareciera que alguien también tuvo nuestro modo de pensar y de alguna manera
quiso mitigar o restañar esa herida lacerante que nos dejaron los egresados de
la universidad de la ambición humana (léase mazmorras carcelarias españolas),
ese alguien (con el debido respeto), es nada menos que un polaco, como es el Papa
Juan Pablo II, que sin ser hijo de España, se le iluminó la mente y pidió
perdón al mundo a nombre de la Iglesia Católica por las fechorías y genocidio o
etnocidio que se cometieron en el pasado y dicho sea de paso, no sólo en esta
parte del globo terráqueo. Lo paradójico es que si bien la intención es noble y
muy loable, viniendo de quien viene,
ese pedido no tiene ningún poder sobrenatural, ni siquiera para restaurar la
identidad propia que tenemos y así nos quitaren la colocada de “indio”; falsa identidad que nos
impusieron mediante ese avasallamiento y etnocidio con el estandarte católico
enarbolado por los religiosos que acompañaron y defendieron a ultranza a los
“conquistadores”. ¿Acaso no fue un
fraile[5]
representante de la iglesia "católica" quien propició lo que haría
falta para la ocupación y avasallamiento del “Tawantinsuyu” con el nombre de
conquista? ¿Cuántos siglos más deberán transcurrir hasta que nos llamen con
nuestra real y verdadera identidad? ¿Los masivos medios de información[6]
han registrado alguna nota que indique que ese pedido de perdón ha tenido eco?
Una prueba de que ese
pedido de perdón ha caído en saco roto está en España, la llamada "madre
patria". Pues, justamente en estos días del siglo XXI se ha desatado una
corriente xenofóbica y nada menos que contra los descendientes del
Tawantinsuyu, quienes debido a las leyes del "sistema" y de la
decantada globalización han tenido que ingresar a esa "madre patria"
en busca de trabajo en un intento de sobrevivir con dignidad. Ante tal
situación, se nos presenta una pregunta (esperamos que alguien nos la responda.
Dicen que la Historia es dinámica y los hechos no se repiten ¿Y lo que esta
sucediendo ahora es parte de esa dinámica?
¿El hecho de sacar de España a como de lugar a miles y miles de
"indios latinos" -peyorativamente llamados “sudacas” por
indocumentados-, no se está repitiendo
la historia en sentido inverso? ¿Cuándo los peninsulares avasallaron nuestros
territorios, quién o quienes les pidieron documentos y al no tenerlos los
expatriaron? ¿Hay algún historiador que se hubiera ocupado de hacer ver que esa
práctica la tenían nuestros ancestros? C uando los peninsulares llegaron a
estas tierras vinieron a enseñorearse; preguntamos que “sudaca” se ha
enseñoreado en España y está sometiendo a los españoles? Volviendo a lo
nuestro. Sólo como un dato estadístico, se conoce que Potosí, la llamada “Villa
Imperial” tenía mas de medio millón de habitantes en la época colonial en pleno
auge de la explotación minera. ¿Existe algún dató histórico y estadístico que
indique que los avasalladores indocumentados y sin visa de permanencia hubieran
sido perseguidos y expatriados como está sucediendo en la “madre patria”?
Paradójicamente del adjetivo
o apelativo "indio", que hoy criticamos por la práctica y el uso de
la costumbre (como muchos otros), fuimos quizá entre los más fervientes
usuarios (con amargura lo reconocemos). Hemos utilizado la palabra “indio” de variadas y distintas maneras,
unas veces simplemente como un nombre común: “los “indios” del campo”, otras con sentido poético, al declamar: “Niño
Indio de los llanos, ven conmigo a jugar...”, otras en sentido despectivo: “te
ves como un “indio”; o peyorativo:
“eres peor que “indio”; insultativo
y/o humillante bastaba decirle: tenías que ser o tener ascendencia de “indio”; comparativo, como, al estar
comentando sobre la actitud de alguien: “le salió lo “indio”. La influencia de ese "alias" y del medio
circunstancial y contextual fue tan fuerte y aun lo es, que decir todo lo
indicado y mucho más, parecía y aun parece normal y no sentimos nada raro.
Al escuchar que escribíamos
el presente ensayo, un colega nos hizo llegar el siguiente fragmento de un
informe de Grünberg, Georg Frield: “Informe
sobre los guaraní del Chaco Central paraguayo. Asunción 1972”
“El
significado que la denominación “indio” tiene en Paraguay, se evidencia
notoriamente en una encuesta
realizada... por el Centro de Estudios Antropológicos. 500 adultos de diferente
formación fueron entrevistados en Asunción y en 3 capitales de Departamentos de
la región oriental. A la pregunta, “¿Cuáles son las diferencias que Ud.
encuentra entre los “indios” y nosotros?” Un 77% respondió: “Son como animales
porque no están bautizados”. Menos del 1% respondió: “Existen diferencias
culturales”. Y a la pregunta: “¿Qué opina Ud. sobre los “indios?” Respondió
como sigue: “Son marginados de nuestra sociedad” (1%); “No tiene criterio”
(10%): “Son seres inferiores” (86%); “necesitan ayuda” (3%)
Al analizar estos datos tan fríos
nos invade un desasosiego, pues no debemos olvidar que Paraguay es uno de los
países donde hay más mestizos y el idioma de los “indios” es mayoritario en las
ciudades y el campo incluso entre la gente de “raza blanca”.
Si aplicáramos una encuesta
análoga a la anterior, juzgando a priori, podemos estar seguros que
obtendríamos resultados semejantes o quien sabe aun más deprimentes.
Dicho de otro modo, esta
palabra tenía y aun tiene una connotación más negativa que positiva. La palabra
“indio” pareciera, o mejor dicho parece, ser el sinónimo de la peor casta o ralea, sinónimo
de lo infrahumano que se lo usa desdeñosamente y una de las razones radica en
que la sociedad criolla actual es heredera de la sociedad colonial cuya actitud
inveterada es el trato desigual y racista hacia los nativos. Por más que en
muchos países del continente, se hayan proclamado leyes de igualdad entre los
ciudadanos, pueden más las actitudes heredadas de los antecesores de la época
del virreinato.
La palabra “indio” ha permitido crear una pirámide segregacionista y explotadora, no sólo desde la llegada de Colón y sus seguidores, mas ta